El blog de Érika

Escribo, para que la vida no pase en silencio


Frankenstein, o el Moderno “prometerme que ahora sí, de verdad, en serio, voy a escribir”

Escribir nunca ha sido un proceso lineal. Me gustaría que lo fuera, pero tampoco soy la persona más disciplinada y mucho menos la más organizada para crear hábitos que se mantengan en el largo plazo. Si no he dejado de escribir es porque me sale del alma y ya. Sin embargo, como no es mi manera de ganarme la vida (por el momento), es poco el tiempo que puedo sacarle a escribir y eso me frustra enormemente. Pero debo decir que es mucho más frustrante tener el tiempo y no poder utilizarlo porque no se me ocurre nada para contar.

Así estoy hoy, sentada frente al computador en mi día libre, con los archivos abiertos y esperando a ver qué llega primero, la inspiración o un postre que pedí a domicilio porque, aunque estamos a 37 °F (unos 2 °C), a mí se me dio porque si no como helado no puedo pensar. 

¿Procrastinación? Por supuesto, porque en vez de estar haciendo algo productivo estoy eligiendo sabores de salsa, aun sabiendo que cuando llegue el encargo a la puerta de mi casa, no se va a parecer ni de cerca a la descripción de la foto porque ese helado ya debe estar todo revolcado y derretido. Si llega antes de que publique eso, le tomo una foto. 

Llegó cuando estaba editando 😝

A veces creo que es aburrido leerme hablando constantemente de escribir o de no escribir, pero siempre he sido bastante monotemática. Nada más en estos días tuve la oportunidad de ver Frankenstein de Guillermo del Toro en cine, y llevo casi una semana volviendo locos a mis amigos. Aunque la estrenaron en muy pocas salas por culpa de esa regla absurda de Netflix de enfocar todos sus esfuerzos en el streaming, aun cuando el presupuesto de la película sea digno de pantalla grande, manejé casi una hora y logré verla en un viejo teatro de Filadelfia. La experiencia es incomparable; es una película estéticamente hermosa y sobrecogedora, con una fotografía y un diseño de producción impecables. Las actuaciones, especialmente la de Jacob Elordi como la criatura, son de esas que dejan huella. Una película bellísima que merece verse en la pantalla más grande que tengan en su casa. 

Pero curiosamente, hablando de Frankenstein y de mi tendencia a ser monotemática, he podido conocer los puntos de vista de algunos amigos y, aunque en repetidas ocasiones les dije que necesitaba escribir sobre esto porque me inspiraba muchísimo, a ellos les costó un poco interpretarla como yo lo hice (sin desconocer lo bella que es a niveles técnicos), para lo cual, creo que tengo una explicación. 

La trama de la película se aleja un poco del libro, especialmente en términos de romance, y acá vienen algunos SPOILERS. Leyendo comentarios en redes, la gente opina que Elizabeth no se enamoró de la criatura, sino que empatizó con su sufrimiento y le despertó una especie de instinto maternal. Otros están ofendidos por el curso de los acontecimientos y por la romantización de la criatura, dejando de ser un monstruo violento para convertirse en una víctima del sistema, de su creador y de las circunstancias. 

Pero es que tienen que considerar una cosa, que suena pendejísima, yo sé, pero que me permitió conectar a un nivel extraordinario: Guillermo del Toro, quien además dirigió anteriormente dos de mis películas favoritas: La forma del aguaEl laberinto del faunoADORA los melodramas telenovelescos tanto como yo. 

‘La forma del agua’ (2018) y ‘Frankenstein’ (2025), ambas dirigidas por Guillermo del Toro. Fuente: La Cinestación

A ver, por supuesto no voy a reducir el genio de GDT a un simple fan de las telenovelas y tampoco me estoy comparando con su talento, pero cuando vi la entrevista a Oscar Isaac, tan latino como Guillermo, y él mencionó que muchas veces el director mejicano le pidió que fuera más melodramático y le hiciera la María Cristina, refiriéndose a la escena cliché que tienen casi todas las telenovelas (al menos las noventeras y “dosmileras”), yo solo pude decir: “ah, con razón, ¡ellos son de los míos!”

A Guillermo del Toro le gustan los monstruos, sí, pero no porque sean aterradores sino porque ellos le permiten jugar con esas emociones que nos conectan como humanos. En La forma del agua y hasta en El laberinto del fauno, a uno genuinamente le importa lo que pase con estos seres que parecen no encajar en el mundo en el que les tocó vivir. Aunque no voy a mentir, en el caso de Frankenstein, ver tantas entrevistas en las que se nota cómo la criatura impactó la vida de Jacob Elordi a un punto casi sobrenatural, como un momento de quiebre en su carrera, y ver cómo le dio humanidad y brillo a sus ojos (porque es de las cosas más bonitas de esa peli, el ojo que siempre le brilla), todo eso me hizo ir al cine con la expectativa alta y la objetividad por los suelos. Y sí, Jacob es muy bonito para tenerle miedo incluso con las mil capas de maquillaje, pero también prima el hecho de que se me haya presentado una historia de amor, porque sí, así es como yo lo quiero interpretar, porque a mí me gusta el romance y porque quiero, puedo y no me da miedo. En fin, yo quiero pensar que en un universo paralelo ellos podrían haberse escapado juntos como Elisa y Bob (el coso anfibio de La forma del agua, para los amigos). 

A mí me gusta el melodrama, los amores complicados pero correspondidos, las miradas intensas, como cuando se encuentran el día de la boda de ella y por un segundo parece que hay esperanza. Y bueno, todo el discurso de ella sobre el amor y la reciprocidad en plena agonía, con esos planos oscuros en una cueva donde resalta el vestido blanco bañado en sangre, una imagen que se me quedó suspendida entre el corazón y la memoria. Dios mío, ¡ya denle un Óscar a toda esa gente!

Y a mí una cajita de pañuelos 🤧. 

¿Quieren saber algo? El helado aún no llega, pero lo que sí llegó fue la inspiración para contarles lo que venía planeando desde que vi la película y que por alguna razón no me sentaba a escribir. La profe de narrativa tiene razón, la escritura no se vuelve un hábito si no se practica, si no nos obligamos un poco a salir de la zona de confort. Me senté enojada, con ganas de postre y a quejarme de que no sabía cómo expresar esto y acabé haciéndolo.

Me siento orgullosa. Cuando sea grande quiero ser como yo 🙂. 

Y la peli, háganse un favor y véanla. A ver, está en Netflix, ¿qué más fácil puede ser?

No se van a arrepentir. 

PD. Cuando terminé de editar este post, llegó el helado 😊.



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